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Si analizamos los datos proporcionados por Google, la palabra clave «cliente satisfecho» tiene un promedio de búsquedas mensuales de 260. Por su parte, la keyword «trabajador satisfecho» tiene 10, al igual que la de «empleado satisfecho». Es decir, entre las dos suman un total de 20, una cifra muy inferior a la de «cliente satisfecho».

¿Deberíamos conceder a este dato la categoría de referencia o, simplemente, hemos escogido como ejemplo una comparativa con escasa relevancia?

¿Es conveniente reflexionar sobre si, ahora que las empresas están avanzando hacia una mejor experiencia de cliente, se esfuerzan también por conseguir la satisfacción del empleado?

¿Sería coherente presumir de un enfoque «todo por el cliente» y contar, a su vez, con trabajadores desmotivados y poco comprometidos?

Y, al hilo de esto último, ¿resulta lógico pensar que si una empresa no es capaz de proporcionar una buena experiencia a sus propios empleados, estos, a su vez, van a ofrecérsela a los clientes?

La motivación laboral es un asunto que afecta tanto a trabajadores como a empresarios. Por ello, si tienes un negocio y cuentas con personas a tu cargo, este es un tema que te interesa.

Los trabajadores son la cara, voz y oídos de la empresa. Y lo que estos piensen sobre tu negocio afecta, irremediablemente, a su rendimiento y a la relación que tienen con los clientes.

Motivación en el trabajo: ¿responsabilidad del empleado o de la empresa?

Como no podía ser de otra manera, la respuesta a esta pregunta es: «de ambos».

Por un lado, el empresario debe preocuparse por construir un entorno de trabajo favorable a los empleados, donde primen la cercanía, el respeto, la confianza y el reconocimiento.

Por otro lado, es responsabilidad del trabajador corresponder a dicha buena voluntad con esfuerzo y honestidad.

Sin embargo, hay ocasiones en las que la buena relación se trunca y empieza a aparecer la temida desmotivación. En función de a quién afecte, las consecuencias pueden ser muy distintas.

Es decir, no es lo mismo enfrentarse a un caso aislado que a una situación de insatisfacción generalizada, la cual pone en serio peligro el crecimiento de la empresa y el ambiente laboral.

Falta de motivación en el trabajo: cifras más importantes

Para poder hablar con cierto fundamento sobre el tema, vamos a hacer referencia a diferentes estudios -tanto nacionales como internacionales– que han puesto cifras a la desmotivación laboral y a su impacto en las empresas.

Hace unos años, la compañía americana Gallup -conocida mundialmente por la publicación de encuestas de opinión- hizo público un estudio en el que afirmaba que solamente un tercio de los trabajadores estadounidenses se sentía comprometido con su empresa.

Asimismo, calculaba que el tener una plantilla altamente motivada, en lugar de descontenta, se traducía en los siguientes beneficios para el empresario:

  • Incremento de la productividad en un 17%.
  • Subida de las ventas en un 20%.
  • Reducción del absentismo en un 41%.
  • Aumento de la rentabilidad en un 21%.

En nuestro país, las empresas de recursos humanos Adecco e Infoempleo, han analizado diferentes aspectos sobre el nivel de implicación de los trabajadores españoles.

Tras realizar un trabajo conjunto en el que encuestaron a casi 4.000 trabajadores, sus datos fueron mejores que los presentados por Gallup para el mercado estadounidense.

Sin embargo, las cifras relativas a la satisfacción laboral en el mercado español, están lejos de poder considerarse positivas.

El estudio elaborado por ambas compañías concluyó que prácticamente la mitad de las personas no se siente motivada en su trabajo. Concretamente, el 45,7% de ellas reconoce que no está satisfecha, mientras el 54,3% afirma que sí.

Por su parte, la compañía Randstad, también experta en recursos humanos, aporta otro punto de vista: el 18,5% de los trabajadores en activo está buscando un nuevo empleo.

Y, al hilo de lo que apuntaba Gallup sobre el mercado estadounidense, pone cifras al absentismo. Según los datos publicados por Randstad, en España faltan cada día a trabajar 276.968 personas sin causa justificada.

¿Cuáles son las causas de la desmotivación laboral?

En el estudio recientemente mencionado, Adecco e Infoempleo concluyeron que las principales causas de la falta de motivación en el trabajo son, por este orden, las siguientes:

  • Escaso reconocimiento.
  • Salario insuficiente.
  • Aburrimiento por realizar el mismo tipo de tareas.
  • Sobrecarga de trabajo.
  • Efecto contagio por la falta de motivación de sus compañeros.
  • Otros aspectos relacionados con las condiciones laborales (horario, lugar de trabajo, cultura de la empresa, etc.).

Falta de motivación por sobrecarga de trabajo

¿Cómo se comportan los empleados desmotivados?

Aunque en uno de los apartados anteriores ya hemos cifrado algunas de las consecuencias que tiene la insatisfacción laboral, a continuación, vamos a ofrecer una serie de ejemplos muy claros sobre cuál es la actitud que adoptan los empleados descontentos.

1. Dejan de tener iniciativa

Los empleados que no se sienten motivados suelen mostrarse poco proactivos, ya sea porque piensan que su opinión no va a ser tenida en cuenta o, simplemente, porque pierden el interés por su trabajo.

Si tú eres el jefe de empleados que se encuentran en esta situación, es posible que tengas la sensación de que si no piensas tú, nadie lo hace. Es decir, empiezas a ver a tus empleados como meros ejecutores de tus decisiones o iniciativas.

2. Se vuelven invisibles

Al hilo de lo comentado en el punto anterior, los trabajadores que tienen falta de motivación intentarán pasar inadvertidos.

Serán, por tanto, personas que no se mostrarán demasiado colaboradoras y que tratarán de «mirar para otro lado» si perciben que se les va a encomendar una tarea extra o diferente a las que normalmente desarrollan.

Por decirlo de otra manera, para ellos tu empresa será un mero puente hasta alcanzar el siguiente trabajo. Lo único que les importará será recibir su nómina todos los meses para poder pagar el alquiler o la hipoteca de cada mes.

3. Dejan de cuestionar tus decisiones

En función de cómo se interprete, este punto puede parecer positivo. Sin embargo, no tiene por qué serlo tanto.

Me explico: lo normal es que los empleados aporten ideas valiosas a sus superiores. Para estos, es muy enriquecedor que los trabajadores tengan sentido crítico y aporten perspectivas diferentes.

Si tú eres el jefe, llegas una mañana con una idea nueva, se la cuentas a tu empleado y este te rebate alguno de sus puntos, lo normal es que la idea inicial que tenías sea mejorada.

Esto se debe, simplemente, a que tú, como propietario del negocio, tienes una visión más amplia sobre él. Sin embargo, es posible que desconozcas detalles de determinados procesos o tareas con los que tu empleado está más familiarizado.

Si, por el contrario, cuentas tu idea a un trabajador que no siente implicación hacia tu negocio, lo más probable es que simplemente se limite a obedecer tu decisión, aunque piense que no es lo más recomendable.

4. Pasan los errores por alto

Los empleados que se sienten identificados con un proyecto, tienden a ser más observadores y a tratar de mejorar los procedimientos y protocolos establecidos.

Por el contrario, un trabajador que no siente apego hacia su empresa no se suele esforzar tanto por solucionar los fallos que ve.

Es decir, si el fallo le perjudica, tratará de solucionarlo. Pero, si no le afecta directamente, tendrá la tentación de pasarlo por alto.

5. Actúan de «contaminadores»

De la misma manera que el buen ambiente es contagioso, el malo también lo es.

Cuando un empleado está descontento por el motivo que sea, tiende a desahogarse con sus compañeros.

Esto hace que traslade a otras personas su visión negativa de la empresa y que estos compañeros -los cuales actúan de confidentes- empiecen a ver aspectos negativos en los que antes no reparaban.

6. Hacen perder conocimiento

Si el descontento en una empresa es generalizado, lo normal es que comience a haber bajas de personal.

Esto puede deberse tanto a marchas voluntarias como a despidos.

Un empleado que lleva varios años en la misma compañía tiene un conocimiento muy amplio sobre ella.

Es decir, conoce bien el producto o servicio, tiene interiorizados los valores del negocio, se relaciona mejor con sus compañeros y sabe perfectamente lo que quieren sus jefes.

Por el contrario, un nuevo empleado tiene todo por aprender. Por mucho que conozca el sector en el que opera la empresa, sea muy capaz o esté muy motivado, necesitará un periodo de adaptación de varios meses.

7. Ralentizan el ritmo

A este punto se llega directamente desde el anterior.

Y es que la rotación de personal conlleva, inevitablemente, una ralentización del ritmo de trabajo.

Cuando una persona se incorpora, necesita un periodo de formación, aunque sea mínimo. Eso conlleva que, al menos durante un tiempo, no rinda al mismo nivel que el empleado anterior.

Además, es muy posible que tengas que ser tú mismo, o un empleado antiguo, el que forme o supervise el trabajo del nuevo.

Esto conlleva, a su vez, que tú o dicho trabajador antiguo, no podáis realizar vuestras funciones con normalidad.

8. Dejarán «huérfanos» a sus clientes

Cuando cuentas con un empleado que trabaja de cara al público, lo normal es que tenga una cartera de clientes fidelizada. Por supuesto, dicha cartera podrá ser más o menos amplia en función del tiempo que lleve la persona trabajando en la empresa.

Es muy posible que si una de estas personas se marcha, te encuentres tú -o alguno de tus empleados- en una situación incómoda cuando un cliente os pregunta por ella. Puede que no sepáis bien cómo responder si os preguntan por qué se ha ido o dónde trabajar ahora.

Y, lo que es peor, puede que te encuentres con que algunos de tus clientes más fieles dejen de acudir a tu negocio.

9. No trabajarán ni un minuto de más

Los empleados que están descontentos intentarán cumplir su horario y no dedicarte ni un minuto más de lo que exige su contrato. Al no tener ningún tipo de motivación, establecerán una clara separación entre su vida personal y profesional.

Por eso, cosas que a ti te pueden parecer inocuas, a ellos les «quemarán» especialmente: salir cinco o diez minutos tarde, recibir una llamada de teléfono fuera del horario laboral, etc.

Incluso, puede que hasta hagas, con toda tu buena intención, un esfuerzo por ellos que ni siquiera valoren. Por ejemplo, ¿te has planteado si les gusta acudir a la cena de Navidad de empresa o, simplemente, lo hacen por compromiso?

Consecuencias de la desmotivación laboral

10. Faltan más a trabajar

Me gustaría aclarar que, con esta afirmación, no quiero decir que los trabajadores desmotivados falten a su puesto de trabajo por gusto.

Sin embargo, es posible que un empleado implicado haga todo lo que esté en su mano -y un poco más- por no faltar a trabajar.

Hablando claro: si tú te levantas «medio» indispuesto una mañana o has pasado una mala noche, haces el esfuerzo y acudes a trabajar.

En cambio, puede que alguien descontento que se despierta en la misma situación, tenga menos reparos en faltar al trabajo.

Por supuesto, cualquier persona tiene derecho a estar un día enferma y quedarse en su casa. La única diferencia es que alguien que está altamente comprometido, empatizará contigo e intentará hacer un esfuerzo por ti.

Problema de absentismo en las empresas

¿Cómo se puede motivar a los empleados?

Después de pintar este panorama tan negro acerca de lo perjudicial que es para tu empresa contar con empleados desmotivados, lo suyo es que te ofrezca una solución, ¿no?

En este punto, tengo que decirte que, próximamente, publicaré un artículo con diferentes ideas para motivar a los empleados. Ah, y por si acaso lo estás pensando, te adelanto que no es simplemente una cuestión de dinero.

Pero antes de llegar al momento de las ideas, te aconsejo que dediques tiempo a escuchar a tus empleados, les hagas partícipes de los cambios y premies el trabajo bien hecho.

Y no menos importante, te animo a que te esfuerces por hacer un gran ejercicio de empatía todos los días.

Si nunca has trabajado por cuenta ajena, intenta ver las cosas desde el punto de vista de tus empleados. Y en el caso de que alguna vez hayas sido asalariado, trata de conectar con tu «yo» del pasado y pregúntate si te has convertido en el jefe que te hubiera gustado tener.

Por último, sé observador y presta atención a los pequeños detalles. Estás en contacto con tus trabajadores todos los días y puedes advertir fácilmente posibles cambios de comportamiento.

Si te encuentras ante algún caso que te preocupe, intenta tomar cartas en el asunto lo antes posible. Cuanto más se enquiste la relación con tus empleados, más difícil será revertir la situación.

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